miércoles, 6 de diciembre de 2017

Luchar a favor y en contra

No se pueden forzar las cosas. No se puede forzar a alguien para que haga algo contra su voluntad. No se puede intentar hacer que algo ocurra antes, porque posiblemente no solo lo atrasemos sino que además haremos que no ocurra. No puedes luchar por algo que está destinado a romperse. No puedes forzar que algo siga siendo igual que en un primer momento. No se puede esperar que algo suceda, si así no ha de ser.

Pero tampoco podemos luchar contra quien quiere luchar por nosotros. Tampoco podemos luchar contra algo que no deseamos que ocurra. Y no podemos luchar contra nosotros mismos.

Muchas cosas se escapan de nuestras manos, y otras tantas que todavía desconocemos. Pero aquí estamos, y la vida sigue, sin esperar a nadie.

martes, 21 de noviembre de 2017

Dos caras como mínimo

Posiblemente me encuentro rodeada en la nada y por la nada, repleta de lo que considero vacío, aunque sea un vacío lleno. Posiblemente demasiado raro, una situación compleja e incomprensible, y más para la persona que la vive. Si es difícil de explicar, y por ente, de entender, imaginad lo que es lidiar con ello cada día.

Lo más seguro es que un día todo el mundo se me caiga a los pies, se venga abajo todo lo que consideraba que jamás lo haría pero al otro pienso que lo bueno, por pequeño y casi inexistente que sea, debe ser en lo que me he de centrar, creando así otro círculo vicioso dentro de mi vida. Círculo tras círculo, intentando salir del agujero negro, de la galaxia en la que me encuentro, en la que me han absorbido.

Puede que lo más adecuado no sea darle veinte vueltas a todas las cosas, ni intentar verlas de otra manera. Puede que lo mejor sea ni siquiera pensar en ellas, solo dejarlas pasar. O puede que lo conveniente no sea ni lo uno ni lo otro, sino actuar y olvidar a la vez, nadar a contracorriente mientras flotas. Irónico, ¿verdad? Seguro que en mi caso, ninguna postura es la más correcta.

Y, luego, reflexiono en muchos conceptos, ya no solo en ideas. "El amor, el perdón, el sacrificio, el trabajo, el siempre, el nunca", conceptos ya vacíos para mi, especialmente en el resto (puede que también en mi, pero creo que al menos algo de humanidad me queda), conceptos en los que solo veo hipocresía y falsas esperanzas. Corazonadas que carecen de sentido y, que por más que nos intentemos engañar, nunca lo han tenido. Y no, nadie nos ha mentido, todo se acaba, nada es como esperamos, y en este mundo el tener dos caras es lo más normal, tanto que a veces ya ni nos sorprende.

Y me come la duda, ¿seré yo también una hipócrita? ¿Me verá así el mundo? ¿Pensará la gente lo mismo de mi que yo de ellos? Y acabo pensando que soy la culpable, la mala de la película, porque luego es lo que te acaban haciendo sentir. Porque ellos no sienten nada, porque son piedras incapaces de amar, personar, creer, dar... y, entonces, como único ser que siente, te toca a ti arruinarte, porque ellos nunca lo harán.



miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ευχαριστώ!

Por ser tú, por ser conmigo, por ser nosotros. 
Por las risas en las mañanas, los pañuelos en las malas.
Por los consejos en días grises, los paraguas en los lluviosos.

Por creer, no dudar, y confiar.
Por saber y no juzgar, sino comprender.
Por estar aún sin poder.

Por mi, por ti.
Por todo.

viernes, 27 de octubre de 2017

Luchas internas

   Mi vida ahora mismo es un caos, un caos bastante desastroso en algunos aspectos. Con un millón de cosas por hacer, con tiempo que necesito para que pase y para aprovecharlo, y aquí estoy, un viernes por la noche escribiendo, intentando ordenar un poco esta maraña de pensamientos. Podría ser un cadáver exquisito, pero no se puede sacar nada bello de todo esto.

   Ha pasado más de media hora entre que escribí el primer párrafo y este. ¿Y sabéis? La ansiedad, las ganas de llorar, y todo lo relacionado con la misma, se han calmado. Ha sido increíble ver cómo algo que estaba en la cima, a punto de romper con todo, ha pasado a ser la fiera más mansa, la bomba desactivada en los últimos tres segundos.

   Eso no quita que las causas que lo provocaban no sigan ahí. Están, más presentes que nunca, pero mi estrés me ha confesado que de mi depende cómo quiero que estén de presentes y cuánto quiero que me afecten. Me ha dicho que primero me dedique más a mi, que es el principal problema de todo.

   Y, hace un rato largo, en ese período de tiempo entre el primer y segundo párrafo, pensaba en un título para esta entrada, y a mi cabeza venía corriendo la idea de "crisis existencial". Pero no. Yo sé que no. Yo sé quién soy, qué quiero, por qué lucho. Solo tengo estrés, mucha saturación y muchísimas cosas que he de llevar todos los días. He estado a punto de ahogarme en un vaso de agua, incluso sin agua, un vaso vacío solo lleno de aire. Es estúpido.

   ¿Habéis visto la incongruencia? Un vaso vacío que está lleno de aire. Quizás el problema es eso, pensamos que hay cosas que no están de una forma, o que no funcionan realmente bien cuando quizás si lo hacen, pero no somos capaz de apreciarlo. No podemos ver el aire que ocupa el vaso, pero está ahí, y nadie lo puede negar.

   La vida sigue, el tiempo no se para por mucho que quisiera una pausa, y todo fluye. Posiblemente debería dejar de comerme la cabeza tanto, pensar menos, saber mis objetivos, ir a por ellos, luchar hasta el final y que todo salga como tenga que salir. Pero para mi es imposible, me cuesta fluir, me exijo demasiado, y no todo es tan sencillo. A veces solo intento nadar a contracorriente porque es lo que realmente veo necesario, pero tengo que aprender que otras simplemente debo dejar de luchar y quedarme flotando. No solo yo he de nadar.

   Y, ¿para qué? ¿Para qué darle tanta bola a ciertas cosas? Están ahí, son una realidad, y son mi realidad. Lo mejor es asumir lo que no se puede cambiar, y luchar por aquello que queremos mejorar.

martes, 17 de octubre de 2017

El regalo de que se marche gente de tu vida

Acabas hasta las narices.
Quieres romper con todo.
Cerrar bocas.
Romperlas.

Te embriaga la cólera.
Te echas a llorar, pero eso se convierte en fuerza.
Te cagas en todos sus muertos.
Explotas.
Y que den gracias de que no estén delante en ese momento.

Y la cólera puede cesar ese mismo día,
pero el rencor se queda.
El rencor hace daño, pero lo guardas.
Y lo realizarás.

En tu cabeza suena un click.
Se escucha un eco que dice "hasta aquí".
"Nunca más".
Y te seguirás dando a los demás, aunque estos te dañen.
Pero ya no a los mismos.

Y, perder a ciertas personas, es el mejor regalo de la vida.
Porque la putada fue ponerlas en la tuya.
La bendición fue sacarlas.
Nunca más.