lunes, 11 de septiembre de 2017

Cambios

Y ahora estoy en un sitio completamente nuevo para mi. Rodeada de unas paredes que solo vi un par de veces, ni siquiera eso, solo tres veces. Estoy sentada en la cama, y a veces el vacío se nota. Pensé que todo me iba a costar mucho más. Hay cosas mejorables, y otras, como la compañía, que son insuperables.

Ha llegado el momento de los cambios, de dar un paso al frente y demostrar lo que cada cual vale. Y es que salir de la zona de confort muchas veces nos puede resultar abrumador, lo podemos odiar o incluso nos puede causar niveles de ansiedad muy elevados, pero aseguro que acaba mereciendo la pena, aunque sea para saber lo que no quieres repetir.

Las cosas suelen ser más fáciles cuando creas unas costumbres, ahora solo cambias de hábitos, y parece que todo es un caos, que todo está patas arriba, pero hasta de eso he aprendido a disfrutar. La gracia es esa, saber llevar todo de la mejor forma posible.

Los cambios nos hacen crecer. Los cambios son necesarios.

viernes, 1 de septiembre de 2017

1 de septiembre

1 de septiembre, ese día que muchos odian. Otros, que no quieren afrontar la verdad, te toman como el 32 de agosto. Qué ilusos, ¿no? Y qué insulto para ti, para agosto y para la mera realidad y concepción del tiempo.

No sé por qué la gente te odia tanto, si eres un mes maravilloso. Creen que en cuanto llega el primer día, el verano se acaba, y no es verdad, todavía le quedan otros 20 días por lo menos, aunque ellos no sepan apreciarlos.

No puedo entender que no te adoren si eres el mejor mes, eres el mes de los cambios, de las nuevas oportunidades, de emprender nuevos proyectos, de dar a nuestras vidas un giro de 360º. Sé que cuando vas a comenzar algo, tomas una decisión totalmente nueva y radical y que dar el primer paso, suele asustar. Es más, acojona. Sin embargo, el miedo no nos puede paralizar, y por mucho que tengamos no deberíamos odiarte a ti, septiembre.

Eres un mes maravilloso en verdad, eres mágico y eres único. ¿La razón? La primera semana podemos estar perfectamente en la playa, disfrutando quizás de los últimos rayos de Sol antes de volver a una nueva rutina, pero la última semana iremos paseando y las aceras estarán llenas de hojas, y caminaremos con cuidado de no resbalar.

No sé por qué todos te odian y nadie te acepta, si hay que aprender a disfrutar de todo lo que se nos presenta.

lunes, 21 de agosto de 2017

No lo podré evitar

No he podido evitar lo que muchos me advirtieron, especialmente aquellos que realmente me conocían. He acabado comparando, desmontando muchas mentiras, y abriendo los ojos una vez más después de tanto tiempo.

No pude evitar recordar el "te pasarás la vida buscando a alguien como yo, porque soy el mejor tío que te puedes encontrar y que mejor te va a haber tratado". Recordé anoche toda esa prepotencia que habitaba en esa frase, en todo tu ser. ¿Acaso nos pasamos la vida siendo "los mejores" para luego recriminárselo a la supuesta persona que hemos amado?

Y yo, como buena ilusa, no entendía nada. No consideraba que esa afirmación fuera así. Sencilla y llanamente pensaba que no era verdad, que no iba a buscar a nadie como tú. Hoy el tiempo me ha dado la razón. No lo hice, y, ¿sabéis? Apareció alguien mucho mejor. Mejor que él, y mejor que yo.

Ahora, cuando le miro a los ojos, recuerdo aquellas palabras que otro hombre pronunciaba, y descubro que realmente estoy con la persona que siempre quise, soñé, anhelé y pensé que merecía. Cuando esa frase vuelve a mi cabeza, y lo miro, y me besa, soy consciente de aquella verdad, de que si estos escasos cuatros meses de amor hoy acabasen, me pasaría toda una vida y las siguientes buscando a alguien como él.

martes, 8 de agosto de 2017

Las masas

La multitud. La masa. ¿La seguimos? Por supuesto, porque somos quienes la conformamos.
Somos como las olas del mar, pues parece que cada una lleva un rumbo distinto pero acabamos todos en el mismo lugar.
Y como parte de la masa, si uno comete un error, todos lo cometemos igual.

¿Por qué? Porque vivimos no acorde a lo que la razón nos puede dictar, sino porque acabamos imitando a los demás.
Si cae uno, caemos todos, literalmente.
Y lo que precede siempre a una masa, no es la mejor opción. La cantidad no demuestra la calidad, aunque eso se nos olvide.


miércoles, 2 de agosto de 2017

Ilusiones. Nada es lo que parece ser.

¿Cómo salir de un círculo vicioso? Es la pregunta que llevo replanteándome estos últimos días. Entre todo ello también me recorren la cabeza dos preguntas a las que soy incapaz de encontrar una respuesta a la que denominar como la correcta: ¿es más importante hacer las cosas para ser felices nosotros o para hacer felices a los demás? A simple vista, parece que es obvio que lo importante es la felicidad de uno mismo, que los demás van después; pero mi problema llega cuando: ¿qué ocurre si tu felicidad es ver a los demás felices?

Podríamos decir que si soy "egoísta" y pienso en mi felicidad, podré ser feliz. Si por el contrario pienso en la felicidad de los demás, creyendo que también seré feliz pues es lo que el amor dicta ("yo soy feliz si tú eres feliz") podré ser feliz, pero quizás no del todo.

Sigue pareciendo algo absurdo, releyendo esto o incluso leyéndolo desde fuera parece muy claro que lo primordial es pensar en uno mismo, pero todos sabemos que cuando se nos presenta un dilema así, hagamos lo que hagamos, las malas caras siempre van a estar. Siempre va a haber alguien que diga "x" cosa, y otra persona que diga "z", porque nos hemos limitado a decir que las cosas son blancas o negras, sin recordar toda la escala de grises que hay desde un punto al otro.

Cuando al final consigues decantarte por una opción de las escasas que tienes, queda en tu cabeza el "qué habría pasado si..." que parece algo que se dispara automáticamente, algo que nos suele hacer sentir que quizás no hemos tomado la mejor decisión.

Y, posiblemente, lo más triste de esto es cuando descubres que ni estando ni sin estar eres feliz. Me explico: que hayas tomado la decisión que hayas tomado, da igual, porque ninguna te hacía feliz del todo, ninguna era realmente lo que necesitabas.

Te acabas calentando la cabeza, pasando noches en vela, y, si eres como yo, con ansiedad, lloros, incertidumbres, etc, buscando señales inexistentes que te intenten aclarar las ideas, gritando en silencio lo injustas que te parecen muchas de las cosas que te ocurren, llorando con impotencia, con rabia, sin poder ser consolado. Clamando al cielo que por nada ni por nadie te volverás a poner unas expectativas, que no te volverás a ilusionar ni a planificar nada porque todo se jode y sin tu quererlo ni ser el responsable.

Pero a los dos días te olvidas, vuelves a creer, te ilusionas, y así, hasta el próximo palo.