lunes, 24 de julio de 2017

Voy a vomitar

Voy a vomitar.
A echar lo malo que me consume por dentro y a no recuperarlo jamás.
No volverá.
No conseguirá volver a afectarme.

Voy a vomitar.
A devolver lo que no me pertenece.
Aprenderé a dejarme llevar más veces.
Me alegraré de saber que conseguí lo que me propuse.

Voy a vomitar.
Noto la presión en la boca de mi estómago.
Noto como sube por mi garganta, como se forma un nudo que me impide echarlo.
Que me hace no echarlo, y no me deja ser feliz.

Voy a vomitar.
Las palabras se me cortan.
La respiración se me acelera.
La boca me sabe a sangre.
Duele. Duele mucho. Es todo lo malo intentando salir de una vez.

Voy a vomitar.
A dejar que fluya lo malo y no regrese.
A disfrutar de las cosas buenas como quien come sin saciarse.
Como quien come sin engordar.

Voy a vomitar.
El mundo se me cae a los pies.
Me inunda una soledad pasajera pero permanente.
Me ahogan las dudas.

Voy a vomitar.
Y he vomitado.
Ahora sigo con la ansiedad, viendo como lo malo cae en el suelo.
Se esparce por todos sitios pero no podrá volver a mi.
O eso me he prometido ahora, aquí, indefensa y sola, tirada en una esquina, sacando la fuerza para levantarme de toda la basura que ahora me rodea.

domingo, 23 de julio de 2017

Dáselo tú

   Cúrame. Sáciame. Cógeme. Acaríciame.
   Tus ausencias son mi perdición, y posiblemente también los sean tus idas y venidas.
   Los momentos a tu lado me harán perder la poca cordura que me quedaba.
   Como bien se dijo "cualquiera en su sano juicio perdería la cabeza por ti".
   El sol me quemará. Lo hará más que nunca. Dañará mis ojos, mis oídos, e, incluso, mi piel; pero tu voz podrá guiarme en esa oscuridad propiciada, en ese dolor inhumano.
   Podrá volver la tristeza, intentará anidar en mi ser, pero sé que no lo permitirás. No dejarías que eso ocurriese mientras me quieres.
   Aunque me falle la imaginación, me vuelen las ideas sin poder atrapar ninguna, o, incluso, cuando la cabeza me falle, no dejarás que camine sin los pies en el suelo.
 
   Y si nada de esto tiene sentido, dáselo tú.

domingo, 9 de julio de 2017

Feliz

Soy feliz
o, ¿acaso no lo ves?
y en verdad no importa si no lo haces.

Feliz de poder gritarlo, de que me
escuchen mientras lo suelto,
lo digo alto, claro, de manera
idónea, pues ya todo
zanjé, todo lo malo acabé.

Y no podrá cambiar, ni cambiará esta realidad.

No dejaré que nada me haga revivir el pasado,
o que alguien intente dejarme viviendo en el recuerdo de esa gran mentira.

Gustará más o menos todo esto,
resultará extraño a muchos fantasmas pasados,
acabará con las falsas ilusiones de muchos,
causará alguna que otra lágrima,
infelices, pensando que tienen oportunidades de lograrlo, cuando todo
acabó desde hace un año, y,
sola, triste y abandonada quedé.

A veces se recuerda lo vivido, pero nunca se desea volver a ello.

Tú no lo lograste,
insensato, mísero, cobarde.

viernes, 30 de junio de 2017

He cambiado

   Sí. Lo he hecho. He cambiado, y voy a seguir cambiando, porque los golpes, los fallos, las caídas, los cambios de vida te hacen cambiar (¡viva la redundancia!). Es algo inevitable. Muchas personas pueden llamar a este fenómeno "madurar", otras "cambiar". Posiblemente lo que yo haya hecho también incluya parte de madurez, pero sí, he cambiado.

   He cambiado por muchas razones, y la principal motivación fueron el dolor y la soledad que sentí durante meses, sobre todo los cuatro primeros. Número maldito por lo visto. Y si he cambiado, si me muestro distinta, si me muestro más fuerte es porque lo soy, porque me niego rotundamente a vivir lo mismo, a ser pisada y a ser la persona que tenga que ir detrás de todo el mundo, porque habré tardado años en ser capaz de cumplir esta premisa a pesar de habérmela repetido tantas veces, pero ahora, ahora la estoy cumpliendo.

   He cambiado y no tengo miedo a decir lo que siento, a expresar las cosas como las veo y como las considero como persona humana que soy. Pero... ¡cuidado!, ¿vale? No estoy diciendo que por cambiar y decir las cosas en el momento como las siento signifique que yo tenga la verdad absoluta, ni quiero imponerme por encima de nadie. Es muy triste ver, como incluso entre las mujeres, solo sabemos atacarnos en vez de ser una piña.

   He cambiado y no, no ha sido por nadie. Nadie me ha hecho cambiar. Nadie decide ni me impone cómo debo de ser. ¿Qué a lo mejor ciertas personas me han dado la fuerza necesaria para realizar ese cambio? Pues sí, y no voy a negarlo. Por esa razón esas personas están en mi vida. Diría un "estoy feliz" y por eso tengo tanta valentía, pero no, estar es solo un estado. Soy feliz.

   He cambiado, y ha sido decisión mía. Y lo he llevado a cabo yo. Y no me arrepiento de nada. Todos estos cambios me hacen ser quien soy hoy, y estoy muy orgullosa de ser la mujer que soy, de ser Beatriz. De no ser esa chica que se callaba y tragaba las cosas, sino de la que sabe sacar las garras ante las injusticias y que no piensa dejar que nadie se aproveche y la use. Cambié y estoy cambiando, y por ser decisión mía, soy yo la única que puede decir que esto ha ocurrido, porque los demás solo ven las cosas que yo quiero que vean, como puede ser el caso de las redes sociales. Y, recordad, que por muchas voces que hayan, la verdad y la realidad solo la conoce uno, no la gente que ni siquiera puede lidiar con su vida y debe meterse en la del resto.

   Y, ahora, soltaré una frase que cada vez considero más cierta, y es: "cuando te dicen que has cambiado es porque has dejado de ser como ellos quieren que seas". Y es que cambiar es decisión vuestra, es vuestra vida y solo cada uno de nosotros sabe por lo que ha pasado, por eso nadie debería usar contra vosotros un "has cambiado" como argumento de nada.

   Y, ¿qué? ¿Qué pasa por haber cambiado? Han ocurrido tantas cosas en este año (exactamente sería el año el 15 de julio) que lo raro hubiera sido no haber cambiado.

domingo, 18 de junio de 2017

No voy a contaros una historia

   No tengo nada sobre lo que escribir. Curioso, ¿verdad? Y aún así aquí me encuentro escribiendo acerca del tema de no tener nada sobre qué escribir. ¡Qué viva ser redundante!

   Y bien es conocido, dicho, o al menos, alguna que otra vez así lo he escuchado yo, eso de que un escritor, al fin y al cabo, siempre acaba escribiendo sobre su vida. Comparto esta afirmación en su totalidad.

   Primeramente entendamos el concepto "sobre su vida". A ver, que esto no es una biografía, no nos va a contar el momento en que dejó el pañal, o la primera vez que dio su primer beso. O sí, a lo mejor lo hace con otro nombre, con otra historia, pero recreando la misma situación. Pensando fríamente en esto, y considerando que ojalá pasara así con todos los escritores, podríamos reconstruir toda la vida de alguien por medio de sus palabras, siempre y cuando tuviéramos esa capacidad, ya sabéis, de distinguir lo real de lo ficticio, percatarnos de las exageraciones y saber que es una visión subjetiva.

   Y si nos remontamos más atrás, y a una cosa que parece no tener sentido, hablamos del lenguaje. De lo evanescente que es, de cómo se pierde una enunciación en apenas segundos, y que si nuestra memoria no la retiene, se esfuma para siempre. Si por otra parte, nuestra memoria es capaz de asimilarla, cuando muramos, también se perderá en un vacío inexplicable.

   Quizás por eso los escritores acaban escribiendo sobre sus propias vidas en mayor o menor medida. Porque lo que decimos no es eterno, porque contemos lo que contemos se olvidará, porque no hay mayor desgracia que caer en el olvido de la memoria. Así lo que escribamos, perdurará. Romperá con las barreras de esa extinción rápida, y, al final, quedará parte de nuestra historia, no tal y como sucedió pero sí con gran exactitud de detalles aunque sean otros nombres y otras supuestas historias.

   Porque al final, quien las lea, nos estará reviviendo una vez que hayamos muerto.