domingo, 12 de enero de 2014

Palabras de una asesina.

<<Allí estaba ella. Cuchillo en mano, descuartizando el cuerpo dedo por dedo, articulación por articulación>>

Asesino: persona que mata a alguien con premeditación, alevosía, etc.
Eso era ella, una asesina. No una asesina de personas, sino una asesina de sentimientos. Quizás no era cosciente de ello, pero mataba los corazones de la gente. En tal caso, la definición de asesina solo se le aplicaría metafóricamente.
Tenía miedo. Sabía que había hecho daño pero sin realmente querer hacerlo. Era lista pero no era mala. Aun así era una asesina. Muchos hombres había dejado atrás por encontrar, quizás, a aquel que más le convenía aunque posiblemente también lo matase poco a poco.
La habían convertido en eso. En una persona fría, borde y distante. Ella sabía eso y se culpaba cada día por sufrir la impotencia de no poder remediarlo y fastidiar a personas que la querían. No había día que no se disculpase por razón de ello. Vuelvo a lo mismo, era lista pero no mala. Aun así, era muy orgullosa. Raramente se tragaba su orgullo aunque sabía que tragarselo no la conllevaría a engordar, lo que es lo mismo, el orgullo no engorda y muchas veces es mejor tragárselo.
Conozco muy bien a esa niña. Rubia, ojos verdes, alta y con una personalidad fuerte, solidificada en los palos y daños del tiempo. Le costaba confiar en la gente, todo debido al daño sufrido. Esa niña ahora se encontraba ante un aprieto emocional y afectivo. Claro que se perfectamente la vida y pensamientos de esa niña, porque esa niña soy yo. Yo soy la asesina. Soy la de la etiqueta entre sus conocidos de la asesina del amor. Y me culpo cada día por ello.

                                      

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