sábado, 8 de febrero de 2014

Un viaje un tanto inesperado.

<<A veces los mejores regalos llegan solos>>

Suena el despertador. Fui tonta y ayer viernes se me olvidó apagarlo. Son las 07:00 de un sábado que pertenece a un puente de cuatro días.
Como siempre, me levanto, voy al baño, me apaño un poco y desayuno.
Tonta de mi, hice el suficiente ruido como para que mi hermana pequeña se levantase, y no solo ella sino que a los cinco minutos aparecieron  mis padres hasta con la perra por la puerta de la cocina. Me había acostumbrado a desayunar sola, en silencio y mirando un punto fijo de la nada.
Mis padres se vistieron y desayunaron muy rápido, más de lo normal. Nos metieron mucha caña a mi hermana y a mi para que nos preparásemos. Yo hoy no tenía intención ninguna de salir, tanto que ni siquiera había quedado para salir por la tarde, así que le dije a mi madre que yo no iba a donde se supone que fuesen.
Ella respondió que hiciese la maleta para todo el puente. No sabía que pasaba. Llegué a pensar que me iban a echar de casa. Le pregunté y sus palabras fueron:
-Haz las maletas, corre, el avión sale en menos de cuatro horas. Sorpresa, nos vamos de viaje.
Estaba tan sobresaltada que ni siquiera pregunté a dónde íbamos.


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