domingo, 2 de noviembre de 2014

Tú, con tu mirada, tu risa y tu forma de desordenar mi mundo.

Tú, con esa manera de hacer que juguemos como niños y nos amemos como adultos.

Tú, con tu forma de hacer que las cosas se vean de otro color por muy negras que sean.

Esas tardes bajo las sábanas. Días de risas, abrazos, caricias... días de amor. Días en los que ni si quiera en la misma habitación podíamos estar y otros en los que no había manera de separarnos.

Tú, con tu forma de ser, tus gustos, tus aficiones y tu pasión, aquella a la que pones mi nombre. Con experiencia en todo, con más cicatrices que sonrisas en toda tu vida y yo.

Yo, con mi cara de niña buena, borde y fría por dentro. Me encontraste entre toda esta gente, me animastes a superarme cada día y que nunca, nada ni nadie, me quitara la sonrisa.

Tú, con tu forma de quererme y yo, con la mía de agradecerte cada segundo de ello.

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