sábado, 14 de marzo de 2015

Tic, tac.

Tic, tac. El reloj sonaba. El tiempo no daba un respiro. Pasaba y pasaba. Tic, tac. Miraba como la aguja se reía de ella sin parar. No se detenía; giraba y giraba. Tic, tac. La puerta suena pero no es él. Sus nervios y desesperación empiezan a hacerse cada vez más visibles. Se sienta en el sillón. Tic, tac. Mueve su pierna al son de las campanas. Son las 12. Tic, tac. Miraba el móvil, miraba por la ventana. Se levantaba y se volvía a sentar. "Vuelve" se repetía a si misma una y otra vez. Su voz le atormentaba. "Por favor, vuelve" como si de una sinfonía se tratara. Tic, tac. Ningún Whatsapp, ningún sms, ningún mensaje directo en twitter o instagram. Su respiración dependía de la de él.

Tic, tac. Un sonido de un mensaje entrante se puede escuchar en su móvil. No era él. Un "¡Qué oportuna mi madre!" se pudo escuchar en toda la casa. Tic, tac. Su respiración aumentaba. Sus ganas de escuchar su voz van en aumento, de abrazarlo, de besarlo. Tic, tac. "¿Dónde estarás? ¿Por qué no me responderás?" se decía a si misma. Una nueva llamada entrante en su móvil. "Mamá gordi".

-¿Sí?-dijo intentando parecer tranquila.

-Hola. Verás te llamaba para decirte que estamos en urgencias. Ha tenido un accidente con el coche yendo a tu casa, está muy grave. Deberías venir.

Tic, tac. Salió disparada como alma que lleva el diablo. Había captado el mensaje. Tic, tac. Llegó al hospital. Buscó dónde estaba él. Tic, tac. El tiempo corría y no se detenía. Encontró la habitación y en cuanto llegó lo abrazó como pudo. Contusiones, vendas, sangre, sueros, escayolas, médicos y más médicos.

-Te amo y siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo - dijo él.

Entonces el sonido dejó de ser tic, tac y paso a ser un "pi" largo y agudo. Había fallecido. El tiempo había dejado de correr.


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