sábado, 2 de mayo de 2015

No te vayas, amigo.

Querido amigo:

Tu cuerpo reposa ahora en un colchón eterno que será sobre el que permanezcas. La guerra ha vencido.

Aún recuerdo tu cuerpo mutilado, el intento de reconstrucción de algunas partes. Recuerdo como miraste hacia atrás para avisarme sobre la granada y entonces vi como de tu cabeza salía una bala, como la boca te sangraba mientras te desmoronabas al suelo, como entonces tuve que correr y la granada explotó, y cuando pude levantar la cabeza del suelo veía tus piernas.

Tus piernas. Solamente tus piernas. De fondo, una humareda acompañada de disparos y granadas. "Ayuda" grito. "Ayuda, por favor" suplico entre sollozos. "Hombre herido" digo porque no asumo la idea de que te acabas de ir. Es duro, mi amigo, es muy duro.

Yo mismo fui a darle la noticia a tu mujer, por cierto, lo siento. Siento que tu hijo no vaya a conocer a su padre. Sorpresa supongo, al menos ella así quería decírtelo. Prometo que cuidaré a tu familia. Tu mujer se ha cogido la baja en el colegio, dice que no puede seguir de momento, cuidaré de ella, no dejaré que caiga en depresión. Tus familiares y amigos te echamos de menos. Tu madre está muy dolida, dice que quiere irse con su hijo. Es todo muy duro sin ti.

Al final hemos ganado aunque nosotros hemos perdido, te hemos perdido. Y es que, mi amigo, he asumido que voy a dejar esto. En una guerra no gana nadie. Espero que algún día nos volvamos a ver y que allí donde estés, estés bien.

Te quiero, mi amigo.


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