sábado, 9 de mayo de 2015

Un día a día

Día 6.088 de mi vida. Un sábado cualquiera. Todavía no he sido capaz de pasar desapercibida. Hablan de mi. Lo hacen constantemente. Me pregunto: "¿saben de lo qué hablan?" "¿conocen lo qué hago?", y, automáticamente se llevan las manos a la cabeza. Parezco ser la mala, otra vez.

Todo esto me consume. Me vuelvo así por momentos y es triste. Se siente dolor, un dolor amargo peor que el físico cuando observas tu mala metamorfosis. Te intentan convencer de que todo lo que hacen es normal, sus argumentos se basan en unos "¿y quién no ha hecho nunca...?" y si no actúas y piensas como el resto, ellos se encargarán de hacer que te vean mal.

Dime, pequeño incomprendido, qué te atormenta. Se ve a mil leguas que andas muerto en vida, que eres una fuente de hipocresía. Tu verdadera filosofía y tus actos andan descompasados, se contradicen, se niegan, se deshechan. 

Dime, pequeño amigo, qué hablas, qué juzgas, qué amas. Dime esas falsas mentiras que levantas sobre otros, cuéntame las ideas en las que los basas. 

Mírame a los ojos y desmienteme, desmienteme mil y una veces que los ojos son el reflejo del alma pues solo veo sufrimiento. 


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