sábado, 1 de agosto de 2015

El tormento del alma

Inferior. Horrible. Caos.

¿Lo reconocéis? Son las palabras que nos atormentan en las malas situaciones.

¿Malas? Ojalá solo fueran eso.

Tenemos la necesidad de intentar estar bien en todo y con todo lo que nos rodea. Necesitamos hacer feliz a la gente, tenerlos contentos a cambio de estar mal nosotros. Solemos arrepentirnos de ello cada vez que nos preguntamos porque tenemos tan poco si hacemos tanto por el resto, el porqué de que nadie se tome la molestia que nos tomemos por ellos o el porqué de que simplemente seamos incapaces de verlo. 

Nos matamos con todos esos pensamientos y, luego, sufrimos una gran empatía y nos sentimos egoístas. Egoístas porque nuestra felicidad sea estar bien con la gente y los queramos solo para nosotros. 

Y... ¿cuándo podremos decir cómo nos sentimos realmente? ¿Cuándo seremos capaces de gritar esto al mundo? Ahora mismo, ya somos capaces pero no podemos. No podemos porque sabemos que lo que vendrá después es peor. Más riñas, más discusiones, más enfados, más malas caras. Pasamos más tiempo valorando cómo y qué debemos decir en cada momento que en intentar afrontar cómo nos sentimos en realidad y cómo podríamos cambiar todo ello en vez de más "inferior", "horrible", "caos". 


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