viernes, 4 de septiembre de 2015

El reloj de la vida

Su tormento iba a llegar a su fin, más él no lo sabía. Se encontraba solo, tumbado en una cama, la cual se situaba en una oscura habitación sin ventanas y con una única puerta cerrada a cal y canto. En su cabeza tan solo pasaba la idea de que al día siguiente lograría salir de ahí, pues al igual que no sabía como pudo haber entrado, también pensaba que podría salir sin saber cómo.

Él era ateo, pero creyó en cuanto empezó a escuchar el tic tac de un reloj en la vacía y oscura habitación. A veces lo escuchaba encima de su cabeza, de su cama; otras en cambio sentía escucharlo detrás de su lado derecho.

La cabeza le daba mil vueltas y no sabía dónde ni cómo había surgido ese ruido infernal que cada vez lo atormentaba más y más hasta así terminar de llevarlo a la locura. A la locura de levantarse y suplicarle a lo que el creía un mero reloj más que parase, que parase de una maldita vez pues él solo pretendía dormir y acabar con un día más.

Volvió a tumbarse y solo supo rezar. Así era, el ateo rezaba, y se sabía  las oraciones como si nunca hubiera sido ateo y rezaba a un ritmo acelerado como alma que lleva el diablo. Terminó de rezar y permaneció un par de minutos quieto en la cama, en silencio, escuchando ese atormentador tic tac.

Y así permaneció el resto de su vida. Dio su último aliento al tac final del conjunto de tic tac. Era el reloj de su vida, solo le estaba intentando decir que iba a morir en breve.


2 comentarios:

  1. Simplemente escalofriante... Hacía mucho tiempo que no me pasaba por tu blog, ya no me acordaba de que hacías cosas como esta O.O

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