sábado, 13 de febrero de 2016

A veces, escribo.

Dicen que no es bueno guardarse las cosas para uno mismo, quedarse callado en silencio asintiendo y sonriendo a todo lo que es dicho, que somos libres de dar nuestra opinión, nuestro punto de vista. Un punto de vista tan personal y a la vez, íntimo y complejo que muchas veces nos asusta poder compartirlo. También dicen que el que calla otorga y que, a veces, aunque sea porque no nos digan esta mismo frase, es mejor hablar y que sea una estupidez. Yo no lo veo así. Pienso que hablar sin coherencia, sin decir algo con sentido es solamente romper un silencio posiblemente muy valioso.

¿Y el que calla siempre otorga? A veces, callamos por no romper ese silencio y no discutir con alguien, no querer entrar en una guerra, en un conflicto de palabras. La palabras pueden ser un arma muy potente, más fuerte para algunas personas, quizás menos para otras pero siempre, siempre dolorosas.

Hay que llevar cuidado con lo que decimos y a quién se lo decimos. La palabras, como armas, pueden actuar como un boomerang; las lanzas para herir a alguien, y lo más posible es que vuelvan a ti, vuelvan en tu contra y tengas que tragártelas. Cuidado con las palabras.

Hace tiempo que aprendí a diferenciar sobre qué podría hablar y con quién podría hablarlo. También que no siempre es bueno contar todo lo que pensamos o que incluso necesitamos recoger esas ideas en algún sitio porque las consideramos muy valiosas. Y lo son. Todas las ideas por absurdas que sean o estúpidas que puedan llegar a parecer, poseen un valor incalculable porque es algo que es único de una sola persona, posiblemente algo que lo caracterice, a veces para bien y otras veces para mal.

Cuando pienso en esas ideas intento transformarlas en palabras. Leo y leo cada día, unos más y otros menos, pero intento ser constante, poder aprender todas esas palabras que desconozco para que cada día sea capaz de ponerlas por escrito; para que sea capaz de transformarlas en palabras, y como palabras, solo pueden recogerse con un boli y papel.

Sí. A veces, escribo. Y a pesar de escribir tanto o de incluso alegar que carezco de ideas para ello, siempre hay cosas que guardo para mí, o que al menos son capaces de entenderse entrelineas. Sí, también guardo muchas cosas porque existe también un problema en todo esto: a pesar de la libertad que dicen que te otorgan, siempre habrá alguien que llegue a juzgar hasta si debes sentirse así ante cualquier situación que vivas sin ni siquiera conocer la mitad de tus historias, y ya no las contadas o escritas, sino las vividas, esas que no se almacenan en la memoria hasta que llegue el olvido, sino aquellas que escondemos en lo más profundo de nuestra alma.



3 comentarios:

  1. Palabras, que llegan a lo profundo del alma. Palabras nunca dichas, nunca liberadas... Amé cada uno de los versos qué están escritos en este texto.

    ResponderEliminar
  2. Palabras, que llegan a lo profundo del alma. Palabras nunca dichas, nunca liberadas... Amé cada uno de los versos qué están escritos en este texto.

    ResponderEliminar