miércoles, 23 de marzo de 2016

Carta de despedida

Todo se acabó. Solo quedaban promesas y tan solo cayeron en el olvido. Se convirtieron en polvo todos esos abrazos y, el viento, al igual que a tus palabras, se los llevó. Llegaron al mar junto con cada lágrima que derramaba esperando tu regreso. Esas lágrimas que te limpiaban por dentro, que te curaban, que te aliviaban. Ahora son agua de mar y cuando las recuerdas te producen dolor, te escuece la herida. ¿Cómo algo que nos daba la vida ahora nos la arrebata tan rápido?

Un día brotó algo maravilloso que poseía un cuidado excepcional, pero poco a poco, sus flores y frutos empezaron a ausentarse. Dejaban tras su pérdida un profundo y doloroso rastro que llevaba consigo un sentimiento de añoranza. Se dejó de regar su tierra, primero pasaron días, luego semanas y a los meses murió. Se le echó sal a su tierra como a una herida y tan solo sufría más en silencio.

Cada intento por hacer sobrevivir el brote fue en vano. Fueron en vano todos los encuentros, todos los besos que antes cicatrizaban heridas, se perdió el interés. Un abrazo era como intentar nadar contra corriente, por más fuerza y empeño que ponía no sirvió para nada.


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