sábado, 12 de marzo de 2016

Las pequeñas cosas de la vida

Las cosas buenas siempre se dan en pequeñas dosis. Se suele decir que bueno y corto vale por dos pero creo que no es así. ¿Por qué ha de acabar una cosa buena? Si algo es bueno preferimos que sea eterno, que podamos llevárnoslo a la tumba y poder gritarlo a los cuatro vientos diariamente y a todas las horas. Considero que confundimos muchos conceptos. Lo que realmente deseamos como breve son los hechos malos. Estos son los que deseamos como malo y corto preferiblemente antes que malo y extenso en el tiempo.

¿Por qué damos las cosas en pequeñas dosis? Porque nos hemos acostumbrado a vivir todo de golpe, a no tener paciencia, a no ser capaces de esperar ni un segundo. Queremos algo y lo queremos en el mismo momento en que lo pensamos. Hacemos lo imposible por poder obtenerlo y, ¿qué ocurre cuando ya lo tenemos entre nuestras manos, ya sea desde el amor hasta un simple objeto material?
En seguida lo desechamos a la basura, lo tiramos como algo sin valor cuando realmente no lo hemos exprimido del todo. Simplemente llega otro deseo aun mayor de querer poseer otra cosa totalmente distinta. 

¿Sabéis por qué no nos preocupa tirar esa cosa a la basura y empezar otra nueva? Porque realmente no hemos invertido nuestro tiempo en ella. No hemos sudado ni derramado lágrimas. Cuando una persona pasa años esforzándose por algo en concreto y va consiguiéndolo todo poco a poco, no dejará que nadie tire su esfuerzo a la basura y ese objetivo conseguido lo guardará de por vida.

Las pequeñas cosas de la vida vienen cuando no nos encaprichamos por algo en un momento concreto, sino que luchamos por ello y lo conseguimos poco a poco. Ese poco a poco son las increíblemente pequeñas cosas de la vida pero de un valor incalculable. 


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