lunes, 13 de junio de 2016

Una ayuda anónima

Desorientada intento colocarme de pie pero me es imposible. Noto un ardor que me recorre toda la tibia y me planteo si me la habré roto. No sé que ha pasado. Solo recuerdo ir andando y que mis sentidos empezaran a fallarme. Primero el oído, luego la vista, luego las piernas me temblaron... Hasta ahora.

Empiezo a escuchar mucho bullicio. Hace un segundo no escuchaba absolutamente nada. El suelo está caliente pero soy incapaz de levantarme. Veo muchas piernas corriendo, andando con prisa de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Bolsas, ruidos, e, incluso, alguna pisada anónima en mi mano derecha y ni un simple "lo siento".

Oigo una sirena. Se escucha muy lejos, pero conforme pasan los segundos parece que se acerca. Me equivoco. Pasa de largo hacia otra calle y noto como cada vez se encuentra más lejos de mi. Comienzo a llorar, y a pesar de estar rodeada de tantísima gente me doy cuenta de que solo es eso, gente, no personas, ninguna tiene corazón, o, tan siquiera, tiempo para echar una mirada atrás o llamar a emergencias. 

Vuelvo a levantar la cabeza y veo mi bolso a apenas medio metro, pero necesito arrastrarme hasta poder alcanzarlo porque no llego. Con la pierda doliéndome como si estuvieran echando brasas en ella, comienzo a moverme cuando veo que una joven se acerca a mi corriendo. Se tira al suelo a mi lado y me comienza a hacer preguntas. 

Me ayuda a coger el bolso y llama a una ambulancia. Sentada a mi lado en el suelo mientras yo no podía moverme, me pregunta por mi nombre pues así lo pedían los servicios de emergencia. Al decírselo y mirarle a los ojos vi en ellos a una persona con alma. Vi a un humano. Vi a un ser con un corazón enorme y que se había apiadado de mi. 

En cuanto vino la ambulancia ella decidió irse pues alegó tener prisa. Un simple "gracias" es lo único que pude decirle antes de que se marchara con la escasa voz del cuerpo que tenía. Gracias.


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