domingo, 28 de agosto de 2016

Amor omnia vincit

Día 1. Primer día. ¿O cuento desde la última vez? ¿Qué más da eso ahora? Estamos juntos. Al fin, de nuevo, juntos. Espero que esto no acabe pronto. Bueno, que no acabe nunca. No quiero un final en esta historia, ya hubo un punto y aparte y me destrozó. Pero ahora, al fin me sonreía la vida. ¡Y, joder, qué sonrisa más bonita la suya, qué hasta llevaba su nombre!

-o-

-Gracias por perdonarme. Sé que lo he hecho mal y...- No terminé la frase. No me dejó. Sentí como se acercaba poco a poco hasta que al fin, después de tantas noches en vela soñando cómo sería un beso de él otra vez, lo obtuve.

-No tengo nada que perdonarte, nanita. Somos jóvenes y humanos, eso es el doble porcentaje de errores que vamos a cometer. Yo tampoco he sido perfecto, pero mentiría si dijera que he dejado de quererte.

No pude evitar sonrojarme al notar como me caía una lágrima por la mejilla y otra se asomaba tímidamente por mi ojo izquierdo. Iba a comenzar a llorar, pero por primera vez en todo el verano, iba a ser de alegría. Él vio la lágrima, y con su dedo pulgar me la limpió tímidamente como si fuera la primera vez que lo hacía. Luego, me volvió a mirar y el segundo beso se cumplió. Por último, un abrazo de esos que hablan por si mismos, en los que se para el tiempo y la respiración se corta. Ninguno de los dos queríamos soltarnos.

Él comenzó a llorar nada más despegarse de mi, y acto seguido comenzó a hablar lento y en voz baja:

-Yo siento haber desconfiado de tu palabra. He aprendido a abrir los ojos de nuevo, a ver que a pesar de un fallo esta vez te has quedado a mi lado. No puedo agradecerte que me hayas esperado tanto. Por quedarte en la sombra siendo mi apoyo diario, por haber soportado todos mis días malos llenos de agobios y de estudios. Tampoco soy capaz de creer que hayas venido hasta aquí, a esperarme, a demostrarme que no te has ido como te pedí.

Otro abrazo volvió a detener el tiempo, y el tercer beso se cumplió.

-Prométeme que te vas a quedar conmigo siempre como he hecho yo. - Le dije mientras nuestras cabezas se encontraban tan juntas que hasta podía tocar su nariz con la mía.

-Mira, ¿ves mi mano? Imagina por un momento que mi corazón está en ella. Tómalo. Es tuyo. Tú decides qué hacer con él.

Y el cuarto beso puso fin a meses de lágrimas y dolor, y dio comienzo a lo que ambos llevábamos meses deseando que ocurriera.

-o-

Lo que tenga que ser para ti, lo será. Pase el tiempo que pase, y ocurra todo lo que tenga que ocurrir.

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