domingo, 18 de septiembre de 2016

Subidas y bajadas

Como una montaña rusa, subo y bajo en estado anímico. Unas subidas extravagantes, unas caídas sin fin. Amanece cada día, superándose al anterior en todos los sentidos. Una vida en bucle, pero un bucle progresivo. Subes y caes a la vez.

Subes rápido, muy rápido, velozmente. Y caes. Caes de espaldas a la vez que subes. Esperas unos brazos al final que te recojan antes de tocar el suelo con cualquier pelo de tu melena. Y en medio de todo eso, sigues en un bucle continuo.

Y pasan personas constantemente por tu vida, día tras día. No paras ni un segundo y ya ni siquiera sabes cuándo has tenido tiempo para ti, pero el tiempo con el resto también es tuyo. Sientes una sensación de ahogo, un ahogo causado por un agobio, un agobio de miedos e incertidumbres por las cosas nuevas, cosas nuevas gracias a las alas que posees ahora.

Y te decides. ¡Joder si te decides! Vuelas sola, con personas que pasan un par de horas a tu lado, y sabes que quieres seguir volando sola porque volar contigo es difícil, y no va a poder hacerlo cualquiera. Ironías de la vida que, al fin y al cabo, esas alas te ahoguen.

Sueltas las cadenas que te ataban. Sí, es un pretérito imperfecto, es pasado. Pasado. Están superadas. Ahora esas cadenas son ladrillos de piedra que han servido para construir tu camino. Y subes constantemente, aunque a veces te hundas y caigas en un abismo. Te mantienes firme en tus posiciones y te conviertes en quien eres ahora.

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