lunes, 14 de noviembre de 2016

Encanto propio

Encanto propio le llamaban a eso de ir por una sonrisa por la vida. Decían que eso iba a alegrar a muchos, que nunca sabes la batalla con la que puede estar lidiando la persona que te encuentras delante de ti; que puedes alegrarle por un momento.

De carácter humilde, cuando en realidad tienes tantos complejos que ni siquiera eres capaz de ver lo que vales, y, por ente, no presumes de ello. No eres capaz de verlo.

De buen corazón, cuando luego pecas en exceso y de buena te vuelves tonta, dando oportunidades (cuando ni siquiera somos nadie para darlas) a diestro y siniestro y, luego de dar la mano, te cogen el brazo. Te fallan, te rompen en mil, y abusan de la palabra perdón. ¿"Perdón" y todo solucionado? No. Las cosas se piensan antes de hacerlas, pero siempre acabo perdonando, aunque ahí no peco de tonta, y no todo vuelve a ser como antes.

Organizada, a veces en exceso; tanto que incluso llega a desesperar. Organizo hasta lo inorganizable. Diferente por no seguir modas, la moda es lo que uno lleva, la moda es uno propio, no lo que nos imponen. Increíble, maravillosa, real... Já. Discrepo con todo eso. Quizás estoy ciega y me equivoco, o quizás todo esto no es verdad.

Encanto propio le llamaban. Já. Personalidad propia le llamo yo, que de eso hace mucha falta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario