viernes, 2 de diciembre de 2016

Tiranicidio

El asesinato del tirano. De nuestro tirano propio. De aquel que nos hunde, que no nos deja levantar la cabeza, que nos presiona y nunca nos deja. Romper todas las cadenas, y dejarse llevar como la lluvia que cae sobre un cristal.

Dejar que esta nos limpie, que nos cure las heridas y nos sane el alma, que se lleve las lágrimas consigo al mar; que nada ni nadie nos atormente, que el tirano muera. Y cuando lloremos por el tirano porque se ha ido, tener muy presente que las personas se van, y las ganas de llorar por ellas también.

Gritar en el silencio, que se escuche la agonía del tirano, que la tormenta pase mientras bailamos bajo ella, que no nos asuste nada. Aniquilar al tirano de una vez. No dejarnos acongojar por él. Decirle adiós mientras cae al suelo, abatido, soltando todo el aire que quedaba en sus pulmones en un breve y último suspiro.

Romper con todo ello. Causar un tiranicidio. Levantar la cabeza y sonreír cuando se nos acuse de ello, reconocer que hemos dado muerte al causante de todos nuestros males. Un tiranicidio psicológico, un tiranicidio decisivo, un tiranicidio final.

Un tiranicidio como solución a nuestras penas, como el final de este bonito comienzo.

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