martes, 14 de marzo de 2017

Salgamos

Son las 12 de la noche. He salido pensando que hoy me comería el mundo, que un nuevo día comenzaba. Voy de local en local intentando encontrar mi sitio, alguno donde poder moverme libremente sin ir chocando como una pelota de pinball. Suena esa canción, primera vez por hoy.

El alcohol ya está ahogando las penas, aunque sé que dentro de dos horas la recaída será más fuerte. Mis amigos insisten en seguir probando locales, en recorrer todas las calles. Me pongo la chaqueta y vuelvo a salir, hace dos días se estaba mucho mejor por la calle a estas horas.

Entre tanto nos sentimos indefensos, la gente anda cual zombies, se siguen dando tumbo entre ellos. Son las 3 de la mañana y toda la alegría decae, el cuerpo comienza a pesar, y la mente vuelve a darle vueltas a todos los mínimos detalles. No sabemos qué está pasando.

Un local más, dos, tres, choques unos con otros, copas que caen, gente que vomita. Quinta vez de esa canción. De pronto vuelven las ganas de comerse el mundo, pero es como si el mundo nos hubiera comido a nosotros. Nos quedamos parados en medio de una calle, fingiendo que pensamos a dónde ir. Volvemos a tomar rumbo, hasta que cada uno acaba en casa.

Y todo esto sería una pesadilla si no fuera porque lo vivo con las mejores personas, con quienes saben convertir las ganas de llorar en ganas de bailar.

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