miércoles, 2 de agosto de 2017

Ilusiones. Nada es lo que parece ser.

¿Cómo salir de un círculo vicioso? Es la pregunta que llevo replanteándome estos últimos días. Entre todo ello también me recorren la cabeza dos preguntas a las que soy incapaz de encontrar una respuesta a la que denominar como la correcta: ¿es más importante hacer las cosas para ser felices nosotros o para hacer felices a los demás? A simple vista, parece que es obvio que lo importante es la felicidad de uno mismo, que los demás van después; pero mi problema llega cuando: ¿qué ocurre si tu felicidad es ver a los demás felices?

Podríamos decir que si soy "egoísta" y pienso en mi felicidad, podré ser feliz. Si por el contrario pienso en la felicidad de los demás, creyendo que también seré feliz pues es lo que el amor dicta ("yo soy feliz si tú eres feliz") podré ser feliz, pero quizás no del todo.

Sigue pareciendo algo absurdo, releyendo esto o incluso leyéndolo desde fuera parece muy claro que lo primordial es pensar en uno mismo, pero todos sabemos que cuando se nos presenta un dilema así, hagamos lo que hagamos, las malas caras siempre van a estar. Siempre va a haber alguien que diga "x" cosa, y otra persona que diga "z", porque nos hemos limitado a decir que las cosas son blancas o negras, sin recordar toda la escala de grises que hay desde un punto al otro.

Cuando al final consigues decantarte por una opción de las escasas que tienes, queda en tu cabeza el "qué habría pasado si..." que parece algo que se dispara automáticamente, algo que nos suele hacer sentir que quizás no hemos tomado la mejor decisión.

Y, posiblemente, lo más triste de esto es cuando descubres que ni estando ni sin estar eres feliz. Me explico: que hayas tomado la decisión que hayas tomado, da igual, porque ninguna te hacía feliz del todo, ninguna era realmente lo que necesitabas.

Te acabas calentando la cabeza, pasando noches en vela, y, si eres como yo, con ansiedad, lloros, incertidumbres, etc, buscando señales inexistentes que te intenten aclarar las ideas, gritando en silencio lo injustas que te parecen muchas de las cosas que te ocurren, llorando con impotencia, con rabia, sin poder ser consolado. Clamando al cielo que por nada ni por nadie te volverás a poner unas expectativas, que no te volverás a ilusionar ni a planificar nada porque todo se jode y sin tu quererlo ni ser el responsable.

Pero a los dos días te olvidas, vuelves a creer, te ilusionas, y así, hasta el próximo palo.

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